
Me río. Sí, me río de la estúpida teoría que un día me creí y prediqué. La teoría basada en el espejo, aquella que cuenta que la vida nos refleja lo que nosotros le damos.
Si sonreímos, nos sonríe...
Si hacemos algo mal, luego pagamos por ello...
Un eterno premio o castigo tan antiguo como el ojo por ojo y diente por diente.
Hasta ahí creía estar conforme, pero en algún lugar de esa teoría alguien olvidó un pequeño detalle... y es que a veces mi espejo parece estar roto. Tan roto que no es más que pedacitos de cristales que hacen que por más que sonría al mundo, él siempre me devuelva una mueca.
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A veces no es necesario mirarse al espejo, tus decisiones te muestran quiénes eres tú y cómo son los demás...
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