
Lo siento, me cuesta creerte cuando dices que lo nuestro será distinto. No lo será. No porque yo no quiera, sino porque es irremediable. Poco a poco te irás deshaciendo de todo aquello que te recuerde a mí, que huela a mí, que sepa a mí, que suene a mí… Sé que no lo harás queriendo, pero lo harás; es tan inevitable como que el sol se esconda cada noche o como que el agua de un río se mueva. Pronto te darás cuenta de que aquella princesa a la que adorabas realmente no existe, que es otro punto más de esos imperfectos que cubren este mundo; y pese a lo mucho que la hayas querido, ya no lo podrás hacer nunca más. Simplemente porque el amor no es para siempre; o como yo empiezo a creer… el amor no existe. Te dirán que todo esto no merece la pena, y aunque tú al principio no lo quieras oír, algún día tus sentidos despertarán y verán una luz que te cegará por completo hasta el punto de convencerte a ti mismo que no, no merece la pena. Y así poco a poco irás dejándome de lado, arrojándome a un precipicio sin retorno llamado olvido. Sin dejar nada en mis manos… nunca se me ha dado bien pedir ayuda. Soy un grito ahogado en medio de la noche.
Quizás me esté ahogando en un pozo al cual todavía no he caído, pero ya siento el frío en todo mi cuerpo ante esa amarga sensación de tener el agua al cuello.
***


