Tiró las últimas migas de pan y se quedó observando cómo aquellos gorriones se lanzaban a por ellas. “Me pregunto qué pasaría si las aves se planteasen dónde y cómo van a aterrizar antes de lanzarse a volar.”

La miró asombrado y tras unos segundos volvió a mirar a los pájaros. “Creo que seguramente muchas de ellas ni si quiera se atreverían a desplegar sus alas ante la duda.” Volvió a mirarla, esta vez con detenimiento. “Muchas veces el miedo que nos da pensar cómo acabará algo, ese miedo al final… ni si quiera te permite empezar”.

Ella se giró y se rió. “Pero es absurdo… es como si nadie quisiera nacer por miedo a morir”.


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La vida es demasiado corta para tener miedo. Se valiente y haz que este viaje merezca la pena… A mucha gente no le importará a donde llegues, pero sí por donde hayas pasado.


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No hay nada peor que un esfuerzo nunca valorado, esperar en la vida para que luego pasen de largo y perder el tiempo sin perder la paciencia. Por lo visto, la empatía hoy en día no está muy de moda.


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Todavía creo en que todos nacemos con una cantidad determinada de suerte, como si viniera en un pequeño frasco… unos la agotan antes, otros deciden reservarla para las oportunidades que merecen la pena; unos la gastan para hacer el mal y otros lo harán para hacer el bien. Cada uno elige y cada uno conseguirá resultados distintos.

Es importante recordar que no por obtener las cosas antes, las obtendrás mejor.


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