
Cuando era niña solía creer en cuentos de hadas, en sueños cumplidos y en príncipes azules. Luego vas creciendo y las desilusiones van derrumbando los castillos en el aire donde habitaban las historias de amor. Descubres que por más arcoiris que sigas nunca hay tras ellos una fortuna y que por más sapos que beses nunca se transforman en el chico de tu vida. Pasa el tiempo... las historias de película yacen atrapadas en al pantalla y sonríes más veces al día por lo que le suceden a los demás que no por lo que te pasa a ti misma. Te resignas a creer que tienes suerte por tener un hombro sobre el que llorar, aunque luego vuelvas siempre sola a casa. Envidias a los privilegiados que son únicos para alguien, que son amados de verdad. Te acuestas en la cama vacía y te despiertas con la única compañía de una mañana fría y lluviosa. Y sólo cuando te das cuenta de que el calor que recibes, no viene de un abrazo sino de las tazas de café, ves que estás solo. Y entonces piensas que ójala volvieras a ser una niña para creer que tu soledad es solo aquel torreón en el que te secuestró una malvada bruja y que pronto vendrá ese príncipe azul a rescatarte.
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Se dice que todo el mundo antes o despues encuentra su media naranja... no lo sé. Te comprendo perfectamente. Un día de estos sañimos a buscar nuestra media naranja que sino haran zumo con ella y no nos enteraremos!!!jajajaj Un besico enorme.
ResponderEliminarMe encantan los cuentos de hadas aunque sean al revés¡ :D
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