Creo que la culpa sigue siendo tuya. Cambiaste mi vida. Me cambiaste a mí. 

He intentado mil veces sacar el lado bueno de toda esa historia, pero lo único bueno que encuentro es que se acabó. Y a pesar de eso, parece que me persiga eternamente, atormentándome a medianoche, entre susurros y aullidos que colman mi mente. Te odio. En serio, te odio y siempre te odiaré.

Me da la sensación de que por más años que pasen y por más difuso que se vaya haciendo tu rostro… Seguirás estando ahí. En algún rincón de mi mente, persiguiéndome como si fueras a cumplir tus perturbadoras y escalofriantes promesas. Te odio. En serio, te odio y siempre te odiaré.


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