
Se sentía atrapada. Quizás porque era tan fácil escapar que ni si quiera lo contemplaba como una posibilidad. En su mundo de historias sin final necesitaba una razón de peso para querer huir. Lo simple es fácil, lo simple es aburrido.
No, no le gustaba lo simple. Disfrutaba siendo la víctima de su capacidad de exageración aunque los demás nunca lo comprendieran. Las historias de lo absurdo siempre le hacían sonreír. Escucharlas, pero aún más contarlas.
Por eso se sentía afortunada de tener la suficiente mala suerte y esa extraña virtud para atraer el caos. ¿Significaba eso que se sentía afortunada de su desdicha? ¿En qué la convertía eso? ¿Pesimista? ¿Optimista?
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