Cuesta imaginar hasta que punto somos capaces de saltarnos nuestras propias reglas. Ponemos en duda nuestras afirmaciones y destruimos partes de nuestra escala moral. Se nos olvida que las acciones tienen consecuencias hasta que nos encontramos con ellas. Sólo en ese encuentro se produce el enfrentamiento entre lo que queriamos y lo que hemos conseguido. Y sin ganador ni vencido, te das cuenta de que siempre hay alguna víctima, algún herido.


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