Se sentó en su cama y se quedó en silencio. Recorrió con su mirada cada rincón de la oscura habitación mientras buscaba en su mente alguna razón. Alguna razón por la que dormir y despertarse al día siguiente. "Rutina" se dijo así misma "vivir es una rutina". ¿La rutina? No podía ser que esa fuese la mejor razón que encontrase. Una lágrima acarició lentamente su mejilla. El silenció se transformó en llanto. Se recostó sobre su lado derecho y fijó su vista en la infinita oscuridad. "¿Para qué despertar si cada día será igual?" su mente seguía el ritmo de sus suspiros cuando una luz iluminó la habitación. Ella desvió la mirada hacia la luz y se incorporó. Se levantó, cogió su teléfono móvil y leyó "1 mensaje nuevo". Se enjuagó las lágrimas con la manga de su camiseta mientras volvía hacia su cama. Se sentó de nuevo y pulsó la tecla "abrir".

"Llevo días pensando en cómo decirte que te quiero, buscando el momento correcto... y soy tan imbécil que lo fastidió de esta manera"

Ella se echó hacia atrás y se quedó mirando al techo con el móvil en la mano. Poco a poco una sonrisa se formó en su cara "¿Cuánto tiempo había esperado a que eso sucediese?" Comenzó a escribir.

"No podías haberlo dicho en mejor momento. Yo también te quiero."

Cerró los ojos y se durmió con la seguridad de que tenía una buena razón para despertar al día siguiente.

La vida no es una rutina,
es cada momento inesperado que rompe esa rutina.

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